Lo sedujo,
tenía el encanto de
una casa,
había que usar algún
sentido,
ella los usó todos,
sin insistir.
Lo miraba sin postergación,
sustancia,
sabor,
una obra con destino y hora
en el Amor,
quién lo sabía, quién lo
podía saber.
Y así, de pronto, sin más,
el ingenuo se dejó
ocupar.
Quién lo diría?
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