Hay Palabras sin Autor
Palabras que resuenan
solas,
que se revelan en su
Interior
en la mudez,
espada oculta
en la sílaba perdida
como una profecía.
A todos, gente querida, para estas Navidades… Paz, Amor,
Serenidad y buena cosecha después de un año rudo, que para todos ha tenido sus
tramitares, como viene ocurriendo estos tres años últimos, en mayor o menor
medida para cada uno.
Al Pie del arbolito armado o no armado, creído o no creído, Religioso o Agnóstico y cuantas variedades de creencias o des-creencias haya, que sea una ocasión para pedir y recibir y para dar que siempre está bueno.
No se pierde nada con intentarlo.
Que sigan las Palabras y se hagan Poesía.
Los Abrazo.
Virginia.
Escucho la mitad
del mar
el agua cayendo
lenta
como espada,
la espuma es un vidrio
húmedo
sin costuras
Escucho el estertor de
la tierra durmiendo
su llanto.
Hay un incendio líquido
rozando los costados
del planeta,
nadie se asombra
El futuro gotea
sombras
sólo esa margarita
lo grita como
un río.
Nadie la escucha.
No existe el olvido, existen
la Lengua
y el honor,
un coro de fondo que flamea
amores y desdichas,
una voz que retorna errada
recitando los salmos de la dicha,
alguna página,
la pista de esa Historia,
esas son las claves
los arcanos,
alguna tarde antigua que
palpita y se mide sobre
tu vientre.
En su garganta
azabache duerme la
primera noche, y se
engendra
como un cristal
como un roble,
canta
Un papel quemado
en sangre vuela,
busca la cima
hace ojo en el centro
del vértigo
Tanta sombra al
galope
Un impío
encendiendo velas
en el aire
un Dios de hueso y
carne haciéndose
pájaro contra el
viento.
Esa prosa la contiene en paradoja
Adónde va tanto interrogante,
tanto saber que busca
qué raíces. Aquel papel ingenuo
que escogía destinos.
Ella miraba…
sentada en el umbral se iba eligiendo,
y el azar que ofrece algunos versos
una ruta cartesiana
un montón desigual de Arte y bien
No hay carcelero que anude
ni mazmorra
Hay ocasión de hablar, de sudar
de ser, en absoluto
en relativo,
siempre.
Se puso el alma de a gotas
media de agua
media de puñales.
Negocia con sigilo los días de los sueños
tantas hojas y carne juntándose
como un río,
tantas costuras y el Poema gritando
entre los párpados.
Nadie vuelve de su vuelta,
todo es ida, el arco lanzando,
somos la flecha, ese disparo,
esa barca.